Ram

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Cuando un servidor estaba entrando en la adolescencia mis padres decidieron comprarse un perro. Decidieron que lo querían de pura raza así que, no me preguntéis porqué, pero decidieron adoptar/comprar un “Ca de bestiar” mallorquín (que son muy parecidos a los labradores de color negro pero su carácter es totalmente diferente). Ya de cachorrito fue siempre protector, avispado y tenía iniciativas como la de dormir en los sofás del salón lo que pasado un tiempo nos obligó a utilizar otro sofá para él solo para que nadie se lo reprochara.

Lo mimamos mucho, le comprábamos juguetes, huesos de cartílago, pelotas …. pero con lo que no contábamos es con el inmenso tamaño que tendría cuando se hizo adulto. Y la mala leche que tenía. Era noble pero cuando se enfadaba se ponía hecho una furia. En realidad los perros solo tienen un dueño y su dueña era mi madre. Se adoraban. Todo lo contrario de lo que ocurría con la gente de nuestro barrio porque con los años se convirtió en una especie de pantera perruna en ocasiones incontrolable, solo fiel a su familia.

Existen un montón de anécdotas que os podría contar sobre Ram. Por ejemplo, en ocasiones pasaba horas enteras fuera de casa para volver más tarde a su hogar utilizando las patas para llamar a la puerta (y eso que vivíamos en un tercero). O cuando algún verano en nuestra casa campo aparecía un “payés” acusando al animalito de haberse zampado a sus gallinas. Un angelito, vamos.

Lo más divertido para mí era cuando venían amigos nuestros a casa, momento en que repentinamente azuzaba a la bestia y ellos se cagaban de miedo. Sí, yo era un poco cabrón pero la cosa estaba controlada. Sinceramente yo siempre le tuve algo de miedo y algo de respeto. Ram gruñía por cualquier cosa y cuando una pantera te gruñe prefieres no tocarle los cojones, así que tú aquí y yo allí y tan amigos.

Pero Ram fue el perro que más ha querido mi madre en toda su vida. Lo quería con locura y jamás Ram le gruñó. Iban a pasear a s´Albufera des Grau y si hubiese de otro tamaño, estoy seguro que se lo hubiese llevado a todos sus viajes porque lo pasaba fatal cuando tenía que dejarlo en Mahón. Como decía antes, ella era su ama.  Que yo recuerde nunca he visto llorar a mi madre tan desconsoladamente que cuando Ram se murió. Aún hoy cuando hablamos de él se le humedecen los ojos.

Ram no era mi perro, pero era leal como solo los perros pueden serlo. Y era muy listo. Y era protector y muy noble. Fue un buen perro. El perro de mi madre. Uno más en la familia.

Y así lo recuerdo!!

Todo lo demás más o menos bien!

Autor: Pablo

Hola a tod@s!! Empiezo de nuevo la aventura del blog para convertirlo en un espacio abierto para expresar "mis cosas". Todo aquel que quiera aportar algo es bienvenido.Espero que os guste.

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