Queridos lectores, os paso un extracto de la novela que estoy escribiendo ahora mismo. Los nazis ganaron la II Guerra Mundial. ¿Qué pasó después? Viajes en el tiempo, intriga, romances todo contado desde el punto de vista de un perdedor buscavidas.
Paradójicamente el hombre que prestaba su rostro para publicitar una campaña en contra del uso de las nuevas tecnologías de la información como el nanoskin en el Reich , con fines lucrativos no regulados, era Marcel Lacroix , un político tan corrupto como inteligente. El mismo que en aquel preciso momento se entretenía viendo películas porno directamente desde su virtuascann. Y eso yo lo sabía porque me encargaba de su seguridad en esos momentos, lo que quiere decir que yo le serviría de coartada si le pescaban, pero pagaba muy bien y yo tenía deudas y pocos escrúpulos. Yo hasta entonces había fracasado en todo en la vida, era un pobre diablo que había logrado alcanzar milagrosamente un empleo que se me daba bien y que consistía en callar, obedecer y en ocasiones ensuciarse las manos.
Mi jefe, Marcel Lacroix no se fiaba de nadie. Dudaba de que tuviese algún amigo o pariente al que apreciara realmente, al menos no que yo conociera y llevaba ya cinco años trabajando para él. Era yo la única persona a la que confiaba (para mi sorpresa) algunos detalles ajenos a nuestra peculiar relación laboral. -Ricardo, hoy he plantado al Gobernador de IberiumLänder -me decía mi jefe- el cabrón va diciendo en el Parlamento de IberiumLänder que los latinos de Europa son tan arios como los alemanes, ¡¡¡será hijo de puta!! voy a joderle hasta que no tenga a quien acudir para lamerle el culo. Por cierto Ricardo, ¿tú eres de IberiumLänder, verdad?”
Si, Monsier- Contesté.
¿De dónde exactamente? -Preguntó de nuevo mi jefe.
-Del archipiélago balear
-Mmmmm, sí, Mallorca ¿verdad? Muy bonito, buenas playas y hembras potentes, un día iremos.
(Yo era en realidad de Menorca pero no puntualicé)
-Claro, Monsier!!
Todavía no sé porque se empeñaba en que empleáramos el Monsier francés arcaico y no el Herr comúnmente utilizado en el Reich. Quizás era una extravagancia más de mi jefe.
Aquella tarde, acerqué a Monsier Lacroix con el coche aparentemente destartalado que empleaba para pasar desapercibido en las ocasiones que afloraban sus inquietudes sexuales a su dúplex del barrio más elitista de la ciudad, donde vivían los miembros más influyentes del Reich en esa parte del mundo. Un nuevo barrio creado sobre las ruinas de otro barrio mucho más humilde. Donde antes había fábricas y almacenes y las casas de los obreros, ahora se erguían imponentes mansiones, zonas ajardinadas y algún pequeño hotel que prometía lujos a la medida de la imaginación de sus huéspedes.
Hasta la fecha Monsier Lacroix sólo se había atrevido a emplear el vitruascann para tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. Nunca se le ocurriría dar el paso de entablar contacto físico de cariz sexual con los jovencitos que en realidad le gustaban. De descubrirse podría implicar su propia muerte o un destierro a un gulag peor que la propia muerte. Un destino que yo también sufriría si le seguía cubriendo las espaldas, pero como he dicho, este era un trabajo hecho a mi medida.
Después de dejar en su domicilio Monsier Lacroix me pasé por los suburbios para ver si encontraba a mi camello o a alguien que me pudiera pasar mi dosis de Dopinam. ¡Dios, como me gustaba esa mierda!.
¿Os habéis quedado con ganas de más?
Decid que opinais!!